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7 de abril de 2013

Trance. Danny Boyle juega con nuestra mente

[Crítica] Trance. Danny Boyle juega con nuestra mente

"Su memoria está encerrada en una jaula y, con la fuerza necesaria, la cerradura puede romperse"

Danny Boyle se ha convertido en uno de mis directores de referencia. Lejos de encasillarse en algún género y temática en particular, el inglés nos ha llevado - con excelentes niveles de calidad - a la deprimencia de las drogas, a un mundo post-apocalíptico, a un largo viaje al Sol o a la felicidad escondida dentro de la vida de un pobre indio en su, para mí mejor película, Slumdog Millonaire.

En Trance, Boyle nos lleva al cine de robos y atracos en un thriller protagonizado por una banda que planea atracar una casa de subastas para llevarse consigo un valioso cuadro. Tras el atraco, James McAvoy, en el papel protagonista, recibe un golpe en la cabeza que le impide recordar dónde escondió el cuadro, así que la banda decide contratar a una hipnoterapeuta que ayude a Simon encontrar dentro de su mente dónde está la valiosa pieza robada.

[Crítica] Trance. Danny Boyle juega con nuestra mente

Como todo thriller que se precie, en Trance, detalle a detalle se van desvelando partes de una trama que se vuelve oscura y retorcida por momentos, mostrando un aparente descontrol a nivel argumental y emocional que puede llegar a descarrilarte del hilo argumental de la película. 

Por un lado, es innegable la capacidad del director para transmitir emociones a cualquier rincón de la sala de cine, y por otro lado, el espectador a veces no sabe si pensar que Boyle es un genio por crear una historia tan compleja o, por el contrario, ha intentado ejecutar un argumento tan enrevesado del que pierde el control. Aquí, un servidor, necesitaría un segundo visionado para tener una decisión más concisa y comprobar que realmente todos los cabos están bien atados, ya que es una de esas películas en las que cada detalle importa, y en esencia es eso lo que, para mí, hace que una película como esta gane puntos. 

[Crítica] Trance. Danny Boyle juega con nuestra mente

Aunque el curso de los acontecimientos pueda verse un tanto forzado, lo cierto es que la mezcla de géneros en simbiosis con la historia individual de los protagonistas deja de sí un film complejo que gustará a los fans del cine para intelectuales.

Además, Trance cuenta con el aliciente de la pérdida de memoria y juegos de la mente, colocando a la película en el ambiente perfecto para aquellos que tienen hambre de misterio, justificación necesaria que evita que el guión sea duramente criticado por los diferentes giros argumentales que puedan aparecer.



La excelente fotografía y banda sonora - como es habitual- unida a unas interpretaciones de un trío protagonista, que domina la pantalla en todo momento, terminan por ser la guinda de un pastel muy fácil de digerir, del que al mismo tiempo nos costará entender de qué ingredientes ha sido hecho.

Nota: 9/10


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2 de febrero de 2011

127 Horas. Como en una Montaña Rusa

Crítica: 127 Horas (Danny Boyle)
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Esta roca ha estado esperándome toda mi vida

Dido & A. R. Rahman - If I Rise

Se apagan las luces del cine. Empiezan las imágenes. Se divide la pantalla en tres franjas verticales mostrando paisajes multitudinarios, intercalados con escenas en la que James Franco, en la piel de Aron Ralston, recoge el material necesario para iniciar su nueva aventura. La música te va conduciendo hacia los cañones de Utah, donde se desarrolla la película.

Así empieza lo nuevo de Danny Boyle. Algunos se preguntan cómo puede estar encumbrado un director con cosas como esta o Slumdog Millionaire, película que le hizo ganar 8 Oscars (incluyendo mejor director y mejor película). Yo sólo me pregunto cómo hizo aquella maravilla con sólo 12 millones de dólares, o quién hace películas tan emocionantes como la que os comento ahora con 18 milloncejos.

127 horas cuenta una historia real en la que el montañero Aron Ralston tropieza y queda atrapado en una grieta por una roca, momento a partir del cual empieza a ser vital el tiempo y las provisiones de las que dispone, de ahí que el cartel contenga la forma de un reloj de arena.



La sensación que produce esta película para el espectador puede asemejarse a las de un recorrido en montaña rusa. Desde fuera, vemos el trailer y curioseamos sobre la historia de Aron y sabemos que puede ser algo emocionante. 

Una vez nos hemos atrevido a ver la película empezamos el recorrido del trayecto. Primero empiezan las cuestas pequeñitas, esas que nos producen un cosquilleo y sensaciones mínimas: Planos aéreos espeluznantes, una fotografía digna de admiración, el buen rollito que tiene el prota y unas escenas iniciales que provocarían la envidia de querer estar en ese sitio a cualquiera.

Seguido de estas escenas llegamos a la primera caída en picado, al momento en el que Aron queda atrapado en esas grietas, quedando su brazo atrapado y sin nadie que sepa dónde está y por lo tanto pueda ayudarle. En este momento ya empiezas a tocarte tu brazo, asegurándote de que no eres tú quien está atrapado para poder darte cuenta de que eso sólo pasa en la película, y todo empieza a ser la subida hacia la gran cuesta, esa sensación que te entra mientras ves todo lo que tienes alrededor, y montado en tu pequeño tren sabes que para poder bajarte del carro vas a tener que pasar por toda la cuesta que tienes en frente de ti y parece no tener fin, y no puedes hacer nada para remediarlo.

Al contrario que en Buried (puedes ver aquí lo que escribí en su día sobre ella), en la que absolutamente todo el peso de la película cae en un sólo actor, aquí James Franco se ve apoyado en ocasiones por recuerdos, pensamientos, sensaciones o sueños que pueda tener a lo largo de casi los seis días que pasó entre la roca y la pared. Aunque estos recuerdos que aparecen casi a modo de flashback no desmerecen su actuación en ningún momento, sí es cierto que animan al espectador a pasar un rato más ameno.

Me ha gustado ver una actuación de James Franco impecable (con nominación al Oscar justificable), ya que en películas como ésta se nota palpable la evolución que están teniendo los actores de nuestra actual generación, cuando hace unos años nadie se imaginaba que alguien como él pudiera hacer una actuación así y mantenernos entretenidos toda una película únicamente con su presencia.

Como resultado, la película nos deja con un confort realmente especial, a pesar de ver todas las crudezas que puedan verse durante los días que pasó Aron allí encerrado, pude salir con toda mi adrenalina descargada y esa sensación de alegría al ver que el personaje ha conseguido salvarse. ¡En fin no se la pierdan!

Nota: 8/10
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